domingo, 14 de septiembre de 2014

Venezuela: ¿puede o no puede?

Me parece un hecho propicio, y de alguna manera también afortunado, que mi primera contribución en El Nacional coincida con las secuelas de mi artículo con Ricardo Hausmann en Project Syndicate acerca de los compromisos de pago de Venezuela. Debo confesar que ha despertado un interés, y por qué no decirlo, una animosidad de lado y lado, que ha superado todas nuestras expectativas. Después de todo, cuando se le lee bien, se da uno cuenta de que no había allí una cifra que no sea ya pública o caliche: vencimientos próximos de deuda, carencias de reservas, compromisos adquiridos y deshonrados del Estado venezolano y sus dramáticas consecuencias. Nada era nuevo; mucho había sido ya publicado aquí y allá por un grupo de avezados periodistas venezolanos que con aplicación artesanal se han dado a la tarea de ir totalizando las deudas por sectores.
Por disciplina intelectual he tratado de ir agrupando las respuestas y comentarios recibidos en una suerte de compartimientos mentales por origen. Y es que tengo para mí que las opiniones más honestas desde el punto de vista intelectual suelen venir de quienes no tienen intereses en el asunto (monetarios, quiero decir, los del corazón los tenemos todos). No se trata de que tener deuda venezolana o el hecho de que te paguen por aconsejar a quienes la tienen inhabilite para opinar, sino más bien de que los recipientes de esa opinión conozcan los intereses directos de los que opinan y puedan utilizar esa información para juzgar por sí mismos su objetividad. Así rezan los códigos de ética de los analistas financieros y lo aconseja el sentido común.
La mayoría de las opiniones que he recibido giran alrededor de si tiene Venezuela o no capacidad para cumplir sus compromisos. Es un buen punto de partida, porque de allí se abren otras avenidas que intentaré explorar en lo que sigue. ¿Tiene Venezuela capacidad de pago o no? A mí no me cabe ninguna duda de que en circunstancias normales Venezuela no tendría por qué escoger entre pagar una cosa u otra. Después de todo, el servicio de deuda todavía representa una fracción posible de nuestras alicaídas exportaciones. Pero Venezuela ya desde hace tiempo es un país en donde las “circunstancias normales” se imponen en muy rara ocasión.
Ese acaso era uno de los mensajes que pretendía dejar el particular enfoque que se le dio al artículo: la política económica de la revolución nos trajo a una situación en la cual o tienes medicinas y equipos médico-quirúrgicos, tratamientos de cáncer y diabetes, café, harina o azúcar, o pagas la deuda. Y yo creo que de allí surge la única nueva información que podríamos (no estoy del todo seguro) aportar a un tenedor de bonos: si este país ha llegado a un punto tal que, para pagarme a mí, debe poner de rodillas a 30 millones de ciudadanos, esa situación es muy difícil de sostener. Esa realidad ha dado lugar a un intenso e interesante debate en varios blogs y foros de discusión administrados y frecuentados por chavistas.
Más allá de esa consideración: ¿tiene cómo pagar Venezuela? Los mecanismos estándares, los que ayudan a aproximar esta pregunta de manera objetiva en otras latitudes, o no apuntan en buena dirección o no existen (lo que, siguiendo las premisas básicas de la teoría de señalización, vendría a ser lo mismo). Normalmente, nuestros pagos de deuda salían de reservas internacionales; allí ahora no hay suficiente en efectivo, a menos que salgamos a vender oro (entiendo que también están en eso). 3 días antes de nuestro artículo el gobierno creó un Fondo Estratégico para “unificar las reservas” y depositó allí unos magros 750 millones de dólares. Unos días después, alarmados por la reacción de los mercados, anunciaron que incorporarían una cifra similar, para totalizar 1.500 millones de dólares. En cualquier caso, menos de un quinto de los pagos requeridos en octubre, y apenas un diezmo de los que muchos analistas han presumido durante todos estos años.
La otra opción no está en los stocks, sino en los flujos. Ahí, tanto las manipulaciones contables que se han venido haciendo a nivel de balanza de pagos como el simple hecho de que desde el tercer trimestre de 2013 no sabemos nada de nuestras cuentas externas, no inspiran optimismo. Uno tiende a pensar que si las cifras fuesen favorables, ya habrían salido publicadas y rociadas en los medios de propaganda oficial con generosidad.
Luego está la gente que comenta que sí, que podemos pagar, pero que para eso hay que unificar el tipo de cambio, y generar un plan de ajustes tipo aumento de la gasolina y liberación de controles precios. Esta es una opción muy interesante. Dado que el gobierno no tiene cómo cambiar expectativas ni tampoco la capacidad, capital político, ni intención de producir un cambio en la economía, este conjunto de medidas deprimirían de manera brutal la demanda interna (terminarán por hacerlo, de una forma u otra), para abrir espacios a un superávit en cuenta corriente que pudiese ayudar a servir la deuda.
Esto equivale a decir que bajo las condiciones actuales no podría pagar sin someter al país a la escasez y miseria que hoy predomina, pero que a través de un paquete de ajustes de un enorme costo social y con muy bajas probabilidades de recuperación (ya es tarde para reinventarse) quizás podrían seguir sirviendo la deuda. Otras opciones, tales como endeudarse a tasas salvajes en dólares (12%-15%), vender petróleo a China a futuro en condiciones muy oscuras para obtener efectivo, o salir a liquidar Citgo a la carrera, se me hacen igual de inequitativas.
Nuestro artículo no recomendaba default, solo afirmaba que de acudir el gobierno a solicitar ayuda a las instancias multilaterales, como lo han hecho otros mucho antes de llegar a la catástrofe social a la que hemos llegado nosotros, esos organismos procurarían repartir las cargas del fracaso económico de manera más equitativa. Ya ocurrió así en Ecuador y en Grecia, solo por nombrar uno muy próximo y otro muy mentado. Un proceso de este tipo le resultaría mucho menos costoso a la república que cualquiera de las opciones que se barajan para juntar los cobres. Pero, de nuevo, nada de esto va a suceder.

miércoles, 30 de julio de 2014

Vida y aventuras del desfalco del FONDEN

Este artículo debería salir hoy publicado en El Universal, pero por alguna razón (de esas que antes no ocurrían y ahora sí ocurren) no ha sido incluido dentro de la edición web de El Universal EUD. Ya, ya, hubo fallas técnicas, disculpas, et cetera. Llaman la atención que algunos, cada vez más más pocos, sigan empeñándose en mantener las formas y en hacer las cosas de a poco, como si no fuésemos a darnos cuenta.

Vida y aventuras del desfalco del FONDEN

Ahora que el gobierno ha prometido repatriar (esa es la expresión más adecuada) los dólares que aún existan en FONDEN y Fondo Chino para “fortalecer las reservas internacionales”, se me ha venido a la mente una anécdota de la campaña electoral 2012. Corría el mes de Junio de ese año cuando recibimos en el comando de Henrique Capriles una llamada de un tal Brian Ellsworth, un periodista freelance que había escrito un reporte para Reuters sobre el FONDEN.

Nos encontramos muy temprano en un café de Altamira. Según me contó, el y una periodista venezolana, Eyanir Chinea (no sé si me dijo entonces que eran pareja, o si yo he ido construyendo ese puente en mi memoria), se habían dado a la tarea de recoger y analizar todos los informes, menciones en Aló Presidente, presentaciones de reuniones del gobierno con banqueros de inversión, etc., relativas a FONDEN. Como resultado de esa minuciosa investigación, habían producido un documento para Reuters y querían ponérnoslo a la orden. Teniendo en cuenta que el fondo que ya para entonces había recibido más de cien billones de dólares no tenía (ni tiene) mecanismos formales de rendición de cuentas, el reportaje era la mejor aproximación posible, profuso en detalles, citas de documentos oficiales, y evidencia visual, a aquél hueco negro.

Brian pensaba, con toda razón, que había dado con su propia versión de Watergate. Brian y Eyanir se habían dado a la tarea de visitar los lugares que documentos y alocuciones oficiales mencionaban como receptores de dinero del FONDEN para evaluar el estado de las obras. Fue así como dieron con aquél cementerio de primeras piedras, que en el mejor de los casos no pasaban de un conjunto de cabillas y una obra mínima probablemente necesaria para solicitar segundos y terceros desembolsos. Allí está SERLACA, un consorcio de aluminio que había recibido 60 millones de dólares de FONDEN y otros 90 del Fondo Chino. Para finales de 2011 no pasaba de ser laminadora de aluminio abandonada, tras pasar 18 meses paralizada. Estaba también una supuesta fábrica de fertilizantes en Puerto Nutrias, que había pasado tanto tiempo abandonada que cuando Brian estuvo allí los lugareños debieron luchar a punta de machete contra la maleza para poder dar con la “piedra fundacional”. PULPACA, una procesadora de pulpa de papel a la que se habían destinado 530 millones de dólares en 2010 y de la que dos años después apenas había una valla frente a un terreno baldío con una foto de Chávez sonriente, risueño, indicando que ya se habían invertido 43 millones de dólares en “limpiar el terreno y construir dos galpones”. Y así sucesivamente.

Además de los innumerables desfalcos a nivel nacional, también habían dado con documentos oficiales que mencionaban desarrollos similares (probablemente con el mismo grado de expoliación) en otras latitudes. Sólo hasta 2010, el FONDEN presumía de financiar “iniciativas con el gobierno de la hermana República de Cuba” por 6.100 millones de dólares. Ese año, también se registraron 9 millones de dólares en casas prefabricadas en Guatemala, Bolivia, Cuba y Nicaragua; además de la compra de un edificio para uso diplomático por 46 millones de dólares. Por diseño, ninguna de esas operaciones fue discutida en la Asamblea Nacional, y sobre ninguna de ellas existe un resumen de cuentas o ejecución, ni evaluación alguna o inventario. La última vez que se reportó cuántos fondos se habían desviado a FONDEN (abril 2014) la cifra ya superaba los 116.000 millones de dólares.

Adicionalmente, desde FONDEN se cancelaban muchos gastos en bolívares. Los dólares se traían a la tasa oficial, pero no pasaban por el BCV. En el camino, alguien los vendía en el paralelo y se quedaba, según el caso, con el 60%-80% de los fondos. Según los asesores de la campaña, y no tengo elementos para juzgarlos, aquél tema no sería capaz de prender en la opinión pública. La corrupción no era una prioridad para la gente, les daba más o menos lo mismo que robaran, siempre en cuando se les resolvieran – o si diese la apariencia de resolver – algunos de sus problemas más urgentes.

Fue así como aquél documento cayó en el olvido, tras apenas alguna que otra mención en las concentraciones de la campaña, en donde se hacía alusión a la promesa no cumplida, pero no se caía en el hecho más grave: el dinero sí había sido erogado. Los mismos que diseñaron y ejecutaron ese enorme desfalco, sin duda entre los más grandes en la historia de América Latina (y mire que tiene competencia), nos prometen ahora sacarnos de él. Esta por verse. Habría que ver también si la cantidad de dólares que traigan, sobre la que en cualquier caso no cabría ser muy optimista, se la van a “vender” al BCV a cambio de bolívares frescos. Sería un descaro colosal, toda vez que cuando salieron del BCV hacia el FONDEN no tuvieron contrapartida alguna, y peor aún, se registraron como un préstamo en los balances del ente emisor.

@miguelsantos12

miércoles, 23 de julio de 2014

¿Qué pasa con la banca?

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 23 de julio de 2014  12:00 AM
En un país anestesiado por el escándalo diario, los pequeños cambios suelen pasar desapercibidos. Es decir, en un lugar en donde en la última semana al Presidente de China se le ha puesto la banda presidencial, donde se desalojó la Torre de David, donde cada fin de semana mueren más de 300 personas, ¿qué sentido tiene hablar de la banca? Es curioso, porque la banca viene a ser una cosa así como el departamento de sistemas de las empresas: Uno sólo llega a oír de ellos cuando ocurre una catástrofe. Como nos dijo un banquero en una de esas reuniones de consulta que hicimos durante la campaña presidencial 2012: "Hay que tener cuidado con la banca, porque es una industria que puede aguantar casi cualquier cosa que se haga gradualmente, pero casi ninguna que se haga de repente". 

Estos últimos meses el gobierno ha buscado formas de hacer que la vulgar impresión de dinero para pagar gastos tenga consecuencias inflacionarias menos graves. Así, por ejemplo, la cantidad de monedas y billetes en los últimos doce meses ha crecido 109%, pero la liquidez monetaria (que además de monedas y billetes en poder del público incluye depósitos bancarios) ha crecido "sólo" 73%. Eso quiere decir que algo ha venido haciendo el gobierno para contener la liquidez, dado que son incapaces de dejar de imprimir dinero.

Ahora bien, cada vez que se imprime dinero para pagar gastos, el receptor suele depositarlos en un banco. El banco, cada vez que recibe un depósito, debe enviar una fracción al Banco Central (el encaje legal) y la diferencia la presta, para obtener así los intereses que ayudarán a pagar a los depositantes y sus gastos operativos. Es así como un bolívar impreso se traduce en varios bolívares en depósitos. Esa razón, bolívares en depósitos y en la calle a monedas y billetes impresos, ha caído en un año de 3,27 a 2,84. No se deje engañar por el hecho de que los bancos pagan a sus ahorristas unos intereses ínfimos, muy por debajo de la inflación. Después de todo, también la tasa a la que los bancos prestan suele estar muy por debajo de la inflación. Los bancos hacen dinero con la diferencia entre ambas tasas, aunque ambas sean negativas en términos reales. 

Los últimos años han sido un paraíso para la banca. Después de todo, no tienen demanda de crédito y suelen invertir en papeles del Estado y en préstamos de tarjetas de crédito, los de mayor tasa de interés. Para los primeros la actividad de análisis de crédito, uno de los fuertes de la estructura de gastos de la banca, es inexistente. No se hace análisis de crédito cuando se le presta al gobierno. Por esa razón también, durante la campaña electoral de 2012, uno de los banqueros consultados nos comentó: "Ahora sí es verdad que estamos haciendo una bola de plata con un mínimo de trabajo". 

Durante estos últimos meses algo raro ha venido pasando. El aumento del encaje legal (el porcentaje de cada bolívar depositado que debe ser enviado al Banco Central) en marzo a 21,5% pasó desapercibido. Gracias a ese aumento y a otras medidas menores, las reservas de los bancos en el Banco Central han promediado 27,2% en 2014, en contraste con 24,1% en 2013 (incluyendo las reservas mínimas legales y las excedentarias). Esa medida debe haber presionado significativamente los balances de los bancos. Pues bien, esa presión empezó a manifestarse en la tasa interbancaria, que ha venido saltando desde un promedio de 3% mensual en 2013, a 7%, 8%, 17% y 20% en los últimos cuatro meses. Esa es la tasa a la que los bancos se prestan entre sí, en esencia para cumplir con sus requerimientos de reservas. Esa aceleración muestra sin duda un deterioro en las condiciones de operación de los bancos que vale la pena monitorear en los próximos meses y merece mucha más atención de la que ha recibido. 

El país cuenta con un gobierno insaciable -desde todo punto de vista- que vive persiguiendo a los que aún tienen algo de dinero, para expropiarlos, expoliarlos y debilitarlos, hasta tenerlos de rodillas o quebrados. Unos años después vuelve a buscarlos para preguntarles cómo hacer para empezar de nuevo, y así sucesivamente. En ese país, la banca, uno de los grandes beneficiados por la carambola de la política oficialista, se convierte de repente en un sector atractivo y, por ende, vulnerable. Es una industria de cuidado; ya el gobierno trató una vez de montar su propio sector bancario revolucionario y engendraron una minicrisis bancaria cuya única consecuencia ha sido una legión de nuevos ricos prófugos (y en algunos casos reencauchados). También se conocen ya los efectos devastadores desde el punto de vista social y sobre todo político que podría tener una crisis bancaria como la que propició la incompetencia administrativa del gobierno de Rafael Caldera. Ese, no el indulto, fue el verdadero trampolín de Hugo Chávez. Aún así, la voracidad y la desesperación también se aproximan en su clímax.

@miguelsantos12

miércoles, 16 de julio de 2014

Book Review: El lugar que nos fue prometido (Haruki Murakami)

Entrevistas con víctimas (Underground) y victimarios (El lugar que nos fue prometido) del ataque con gas sarín en el metro de Tokyo

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 16 de julio de 2014  12:00 AM
Ahora que he pasado unos días en Tokio se me reactivaron algunas imágenes mentales sobre el ataque con gas sarín ocurrido en el metro de esta ciudad a mediados de los noventa. Alguien lo ha mencionado de forma casual mientras viajábamos en la línea Shiyoda, camino a la estación en donde se encuentra el Congreso japonés. Así funciona la memoria: hay cosas que vemos o escuchamos de forma accidental o aún ex profeso pero sin prestarle verdadera atención, que se guardan (sin nuestro concurso) en algún lugar y vuelven a la conciencia también de forma automática, y entonces nos suele sorprender que no les hayamos prestado la consideración que merecían en su momento. Aquí, el 20 de marzo de 1995, un pequeño grupo de miembros de la secta Aum Shinrykio (Verdad Suprema) pincharon bolsas de plástico que contenían gas sarín en varias estaciones, matando a trece civiles (al menos la mitad trabajadores del metro) y causando graves lesiones a otros seiscientos.

Fue así como vine a dar con un par de libros de Haruki Murakami en donde entrevista a las víctimas del ataque de gas (Underground) y a miembros y exmiembros de la secta religiosa Aum Shinrykio (El lugar que nos fue prometido). Este último es el que más me ha llamado la atención. Me interesan los límites de la conciencia humana; hasta qué punto un grupo de ciudadanos con buena formación y relativa buena fe pueden suspender su conciencia, obedecer sumisos las órdenes de un líder carismático e infligir a sus conciudadanos y a sí mismos un daño del que antes o después se hubiesen considerado incapaces.

Los miembros de Aum tienen una tendencia muy marcada a reflexionar sobre el sentido de la propia vida, una búsqueda que hace evidente espejo de un vacío interno. Suelen ser personas marginadas, por diferentes razones. Los clásicos temas exclusión familiar y maltratos están presentes, pero también esa suerte de soledad autocomplaciente y sensación de no-pertenencia, ese sentirse ajeno a los modos de vida y gustos de sus contemporáneos. Una combinación peligrosa: Una intensa inquietud existencial que convive con un sentimiento de aislamiento que te hace sentir marginado. Todos pertenecen a la generación moratoria, que en Japón vienen a ser aquellos que no quieren crecer. Son hijos de padres que sufrieron la postguerra, pero crecieron en un ambiente de afluencia, se acostumbraron a vivir con esa afluencia y se sienten atemorizados ante la adultez. Tienen todos esa suerte de sentimiento de incapacidad de hacerse cargo de su propia vida y asumir su propio destino, una desesperanza que los hace presa fácil de vendedores de ilusiones y falsos profetas como Shoko Asahara. El propio líder de Aum padeció un glaucoma desde pequeño que le quitó la visión de uno de sus ojos y le nubló la del otro, por lo que fue señalado y marginado desde pequeño. Terminada la escuela, fue rechazado por la prestigiosa Universidad de Tokio, en donde recluta a quienes ascenderían rápidamente la ruta de la "iluminación" de Aum y se convertirían en sus lugartenientes.

Este grupo que se percibe desprovisto de la capacidad de decidir su propio destino, presa de una sensación de ahogo y fin de mundo, está ávido de alguien que los rescate de ese pozo oscuro en el que han crecido aislados y les indique qué hacer. "Eso hacía las cosas mucho más fáciles... te daban una orden y tu obedecías sin pensar... No había necesidad de pensar por ti mismo, o preocuparse por los detalles menores de cada acción, sólo haz lo que te ordenen... dado que las órdenes vienen de Shoko Asahara, un iluminado, puedes confiar en que han sido bien pensadas".

Los temores y las motivaciones iniciales de este grupo de ciudadanos no lucen extraordinarios. Creo que es esa una de las contribuciones del compendio de entrevistas de Murakami: Son personas que andan por el mundo cargando un dolor y unos temores, y no suelen ser buenos en comunicar esos temores y ese dolor a los demás. No encuentran una forma de expresarse y se balancean constantemente entre el orgullo de ser mejores y el sentimiento de inferioridad por no ser capaces.

Aún después de ocurridos los ataques del metro de Tokio, los miembros deAum se sienten incapaces de desmarcarse del culto. La mayoría señala a Shoko Asahara como el culpable, y se aferra al grupo buscando alguna forma de rebautizarlo y conservar aquello que los ha sostenido. Dado que la alienación del yo ante la presencia y órdenes del ser iluminado eran componentes esenciales de su sentido de bienestar, esta meta luce cuando menos difícil. En cualquier caso, la exclusión y la retaliación de que son todos víctimas cuando intentan volver "allá afuera"; cuando buscan trabajo, cuando intentan montar un negocio o alquilar un apartamento, es un elemento centrífugo que los mantiene unidos en el esfuerzo por reinventar Aum.Concluye Murakami en el ensayo de cierre: Podrían ser yo, y yo podría ser ellos.

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jueves, 10 de julio de 2014

El Universal: Con el filo o la navaja

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MIGUEL ÁNGEL SANTOS |  EL UNIVERSAL
miércoles 9 de julio de 2014  12:00 AM
Escribe Javier Marías que "no debería contar uno nunca nada, ni dar datos ni aportar historias... Contar es casi siempre un regalo, un vínculo y un otorgar confianza, y rara es la confianza que no se traiciona, raro el vínculo que no se enreda o anuda, y así acaba apretando, y hay que tirar siempre de la navaja o el filo para cortarlo". Es una idea útil en estos días de vínculos incómodos y parentescos devenidos en pesos muertos que exigen del filo o la navaja. Pero no venía a propósito de la política. La cita me ha venido a la mente a raíz de la venta de El Universal, uno de los últimos reductos del pensamiento libre en Venezuela. Después de todo, llevo doce años en estas páginas, me he ido mudando a ratos de ventana y de días, he cambiado de vecinos (no siempre para bien) siempre dentro del mismo edificio, en el quehacer precisamente de eso contra lo que advierte Marías: dar datos y aportar historias.

No tiene sentido decir que tengo mis días contados: Eso siempre ha sido así. Lo que sí se reduce considerablemente con esta operación es la incertidumbre alrededor de las circunstancias que le pondrán fin a ese vínculo. Después de todo, la revolución rara vez despide, las más de las veces le basta con irte dejando sin aire de a poco. Esa fue la ruta escogida con la prensa. Los anunciantes quebraron, se marcharon del país, o fueron estatizados. La publicidad de estas últimas fue desviada hacia una retahíla de "medios alternativos", ninguno de los cuales llegó a despegar a pesar de las cantidades ingentes de recursos públicos que allí se prodigaron. En la medida en que nuestra capacidad productiva se ha ido reduciendo, en esa medida la prensa escrita ha ido perdiendo grosor. Por último, reducida ya a su mínima expresión y aún resistiendo, fueron sometidos a la escasez de papel de imprenta. Ya importa muy poco que la circulación sea de apenas 80.000 o 200.000 ejemplares que caen en las manos de gente que ya de por sí no va a cambiar de opinión. Mientras más frágil se percibe el poder, menor tolerancia hacia los mecanismos que hacen posible la libertad de expresión.

Costaría reconocer en este magro atajo de papeles impresos con tinta barata a los periódicos de antaño. Aún recuerdo cuando siendo niño papá me despachaba al quiosco de la esquina a buscar "Nacional, Universal y Carabobeño" (se decía en ese orden). Para llegar allí, apenas había que cruzar la calle dos veces, bajando por una suerte de túnel de cañafístulas que crecían a ambos lados y en los que mis hermanos y yo solíamos cazar chicharras en épocas de lluvia. Desde entonces, la lectura de la prensa escrita me trajo siempre una sensación de ser libre y un sentido de la posibilidad que todavía hoy en día asocio con la felicidad. 

Para alguien criado lejos de la capital, la prensa escrita representaba la promesa de lo imposible: Allí estaban el teatro, las listas de aceptación a las universidades públicas, las entrevistas con personajes de cultura, política o deportes, las convocatorias a concursos de cuentos y poesía, los acontecimientos internacionales, las columnas de opinión. Recuerdo la época de José Ignacio Cabrujas, Juan Nuño, Luis Beltrán Prieto Figueroa, y también Arturo Uslar y su recalcitrante pizarrón. Desde entonces, siempre soñé con tener un espacio en el cual expresar mi opinión. Siendo así, no es de extrañar que aún recuerde el lugar y el momento en donde recibí aquella llamada invitándome a escribir exclusivamente para El Universal en un espacio quincenal. Mi única preocupación ha sido la de ser honesto, en el sentido de Vargas Llosa: El de escribir sobre aquello que nos urge escribir.

He leído con atención el acuerdo que los empleados de El Universal han suscrito con los representantes de los nuevos dueños. Concuerdo con sus términos y me comprometo de igual forma a mantener este espacio en la medida en que sean respetados. Pero volviendo a Marías, "con frecuencia nos empeñamos en que nos guste quien nos gusta poco desde el principio y en el poder fiarnos de quien inspira una desconfianza aguda". A nadie se le escapa que la empresa española ha sido registrada hace apenas cuatro meses y cuenta con una estructura circular de propiedad creada ex profeso para soterrar los nombres de sus dueños. Por esa razón no quise dejar pasar la primera oportunidad de agradecerle a El Universal por haberme dado la oportunidad de escribir honestamente, sin haberme hecho jamás una sola sugerencia o advertencia en relación con el contenido, y a Miguel Maita por haberme perseguido sin tregua durante doce años. Claro que a ratos me puede el deseo de fiarme. Después de todo, como decía Theodor Adorno: "Para un hombre que ha perdido su tierra, el escribir se convierte en un lugar para vivir". Pero preferí hacer un esfuerzo (¡cuánto me ha costado!), escribir aquello que ahora me urge y reservar esas esperanzas poco fundadas al territorio de la religión.

@miguelsantos12